lunes, 28 de diciembre de 2009

Resurgiendo de las cenizas cual Ave Fenix

Y Jesus, en forma de cargador de bateria se acerco a la cueva, en forma de parking en Picton, levanto la piedra que cubria la tumba, en forma de bateria y dijo: Lazaro, en forma de Su, levantate y anda! Y Lazaro salio de la cueva con las manos y pies atados con vendas y un sudario envolviendole la cabeza, en forma de cristales empañados y todos, en forma de Sergi y Andy, creyeron en El.

Este milagro puso fin a nuestra estancia en la isla del sur, donde habiamos estado un mes y medio, entrando por el norte, haciendo dos grandes rutas que sirvieron de antesala de lo que nos esperaba por toda la isla: playas, acantilados, fiordos, verdes colinas, escenarios alpinos, avalanchas en los glaciares, lluvia, sol, frio, calor, vientos huracanados venidos de la fria soledad antartica, interminables carreteras en las planicies del este, surrealistas granjas de ciervos, insectos de 15 cm de largo, gusanos que emiten luz, centenares de roedores aplastados en la carretera, montes pelados por las excavadoras hambrientas de madera, frondosos bosques de helechos, focas, leones marinos, pinguinos, miles de aves de cantos embriagadores, vacas, ovejas, mas vacas y mas ovejas... y sobre todo gente genial que habiamos conocido durante este y otros viajes, kiwis que nos acogieron en sus casas con una hospitabilidad fuera de lo comun y que siempre tendran un rinconcito reservado en nuestro corazon.


Pero teniamos que ir al norte, donde nos esperaba la capital, Wellington, una pequeña pero encantadora ciudad de 165.000 habitantes, plagada de restaurantes y galerias de arte, una irregular costa con algunas playas urbanas que serian la envidia de la Barceloneta si no fuera por el incansable viento que sopla del norte al sur y del sur al norte por la falla que atraviesa la ciudad como una cicatriz que no acaba de cerrar, moviendose un poquito con cada temblor venido de las profundidades que mueve las placas Pacifica y Australiana. Los wellingtonianos estan acostumbrados a vivir entre estas dos placas que han cambiado varias veces el paisaje de la ciudad y los alrededores, su vida transcurre entre oficinas dedicadas a la burocracia del pais y un ambiente bohemio centrado en la siempre ambientada calle Cuba, donde mil formas de expresion artistica se dejan ver por las aceras. Aqui todos forman parte de algun grupo de musica, conocen a algun pintor, son familia de algun escultor, escriben guiones de cine...


Primero estuvimos en casa de Matu y Michelle, una genial pareja que conocimos en Tonga y que viven en una casa con unas vistas preciosas de la ciudad. Michelle es una encantadora masajista y Matu un ornitologo que trabaja en una reserva de aves en Wellington. Tuvo la amabilidad de acompañarnos el domingo a visitar la reserva y nos hizo una genial explicacion de las aves que viven alli, que son muchas.


Despues estuvimos en casa de Elise, una simpatica kiwi que tambien conocimos en Tonga y que vive con Sasha, su pareja y tropecientos compañeros de piso mas, con los que disfrutamos de una fiesta pre-navideña en la que cada uno trajo algo de comida o bebida. Disfrutamos mucho del ambiente estudiantil, viajero y bohemio de cada uno de los invitados.

Tambien visitamos a Tom, un manager de un bar enfrente de la playa que, como no! tambien conocimos en Tonga. Los dos dias que fuimos al bar nos invito a todo lo que quiso y mas, y dio un curso intensivo a Andy de como verter la leche en el cafe para dejar un diseño artistico en la crema. Tom es otro de los kiwis viajeros que habla un poquito de español y esta deseando volver a sudamerica, una zona que atrae a mochileros como el polen a las abejas.

Y dejando atras Wellington nos acercamos a la Navidad, que pensabamos pasar junto a Karen, nuestra anfitriona en Auckland, en la ultima gran caminata que nos esperaba en esta etapa en las antipodas: la gran Ruta Norte de Tongariro, una zona volcanica en medio de la isla del norte.

Navidad en la montaña y con calor! A ver que sale de esta.

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