lunes, 28 de diciembre de 2009

Resurgiendo de las cenizas cual Ave Fenix

Y Jesus, en forma de cargador de bateria se acerco a la cueva, en forma de parking en Picton, levanto la piedra que cubria la tumba, en forma de bateria y dijo: Lazaro, en forma de Su, levantate y anda! Y Lazaro salio de la cueva con las manos y pies atados con vendas y un sudario envolviendole la cabeza, en forma de cristales empañados y todos, en forma de Sergi y Andy, creyeron en El.

Este milagro puso fin a nuestra estancia en la isla del sur, donde habiamos estado un mes y medio, entrando por el norte, haciendo dos grandes rutas que sirvieron de antesala de lo que nos esperaba por toda la isla: playas, acantilados, fiordos, verdes colinas, escenarios alpinos, avalanchas en los glaciares, lluvia, sol, frio, calor, vientos huracanados venidos de la fria soledad antartica, interminables carreteras en las planicies del este, surrealistas granjas de ciervos, insectos de 15 cm de largo, gusanos que emiten luz, centenares de roedores aplastados en la carretera, montes pelados por las excavadoras hambrientas de madera, frondosos bosques de helechos, focas, leones marinos, pinguinos, miles de aves de cantos embriagadores, vacas, ovejas, mas vacas y mas ovejas... y sobre todo gente genial que habiamos conocido durante este y otros viajes, kiwis que nos acogieron en sus casas con una hospitabilidad fuera de lo comun y que siempre tendran un rinconcito reservado en nuestro corazon.


Pero teniamos que ir al norte, donde nos esperaba la capital, Wellington, una pequeña pero encantadora ciudad de 165.000 habitantes, plagada de restaurantes y galerias de arte, una irregular costa con algunas playas urbanas que serian la envidia de la Barceloneta si no fuera por el incansable viento que sopla del norte al sur y del sur al norte por la falla que atraviesa la ciudad como una cicatriz que no acaba de cerrar, moviendose un poquito con cada temblor venido de las profundidades que mueve las placas Pacifica y Australiana. Los wellingtonianos estan acostumbrados a vivir entre estas dos placas que han cambiado varias veces el paisaje de la ciudad y los alrededores, su vida transcurre entre oficinas dedicadas a la burocracia del pais y un ambiente bohemio centrado en la siempre ambientada calle Cuba, donde mil formas de expresion artistica se dejan ver por las aceras. Aqui todos forman parte de algun grupo de musica, conocen a algun pintor, son familia de algun escultor, escriben guiones de cine...


Primero estuvimos en casa de Matu y Michelle, una genial pareja que conocimos en Tonga y que viven en una casa con unas vistas preciosas de la ciudad. Michelle es una encantadora masajista y Matu un ornitologo que trabaja en una reserva de aves en Wellington. Tuvo la amabilidad de acompañarnos el domingo a visitar la reserva y nos hizo una genial explicacion de las aves que viven alli, que son muchas.


Despues estuvimos en casa de Elise, una simpatica kiwi que tambien conocimos en Tonga y que vive con Sasha, su pareja y tropecientos compañeros de piso mas, con los que disfrutamos de una fiesta pre-navideña en la que cada uno trajo algo de comida o bebida. Disfrutamos mucho del ambiente estudiantil, viajero y bohemio de cada uno de los invitados.

Tambien visitamos a Tom, un manager de un bar enfrente de la playa que, como no! tambien conocimos en Tonga. Los dos dias que fuimos al bar nos invito a todo lo que quiso y mas, y dio un curso intensivo a Andy de como verter la leche en el cafe para dejar un diseño artistico en la crema. Tom es otro de los kiwis viajeros que habla un poquito de español y esta deseando volver a sudamerica, una zona que atrae a mochileros como el polen a las abejas.

Y dejando atras Wellington nos acercamos a la Navidad, que pensabamos pasar junto a Karen, nuestra anfitriona en Auckland, en la ultima gran caminata que nos esperaba en esta etapa en las antipodas: la gran Ruta Norte de Tongariro, una zona volcanica en medio de la isla del norte.

Navidad en la montaña y con calor! A ver que sale de esta.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Un fin de etapa en el sur un poco agitado

El 15 de diciembre nos despediamos de Virginia y Brian, nuestros huespedes en Christchurch. Habiamos estado tres dias con ellos, compartiendo conversaciones, comida y experiencias y nos daba pena dejarlos atras, pero ya habiamos comprado el billete del ferry que nos llevaria de nuevo a la isla del norte dentro de dos dias. Asi que subimos a Su, pongo la llave en el contacto con la seguridad de que iba a arrancar y ya no fallaria mas despues de la enesima reparacion y... no arranca. Parecia que Su no queria despedirse todavia.


El hecho de que Su no arrancara nos sirvio para descubrir que cerca de Navidad los talleres de Nueva Zelanda estan a tope de trabajo: todos quieren tener el coche a punto para desplazarse en sus vacaciones veraniegas. Y claro, un par de mochileros con una vieja furgo no parece que tengan prioridad a la hora de echarle un vistazo a ver que puede causar los fallos al arrancar. A mediodia un simpatico vecino mecanico se ofrecio a repararla a las cinco, al terminar su trabajo, con lo que pudimos disfrutar una tarde mas de la ciudad.

Christchurch, con algo mas de 370.000 habitantes es la ciudad mas grande de la isla del sur, y la segunda ciudad mas grande de Nueva Zelanda despues de Auckland. Exactamente en las antipodas de Christchurch hay otra pequeña ciudad llamada A Coruña. El centro de la tambien llamada Ciudad Jardin es una bonita plaza con una catedral anglicana dominando la vista de una zona donde siempre se pueden ver gentes de todo tipo: jugadores de ajedrez en el ajedrez gigante que hay en una esquina, parejas de jubilados que salen a pasear bajo el sol del incipiente verano, grupos de jovenes deseosos de mostrar sus blancas pieles despues del invierno, mochileros descansando bajo un arbol, turistas tomando miles de fotos digitales desde el viejo tranvia turistico, musicos intentando ganarse algun dolar de los paseantes... Nosotros pudimos ver a un grupo de cuatro adolescentes bailando un baile tipico irlandes en el que no dejan de saltar, moviendo los pies al son de las gaitas pero con el cuerpo y los brazos rigidos. Muy curioso.

Despues de un paseo por la playa, volvimos a casa a las cinco a esperar a Joe, el vecino. A eso de las siete, Brian, ejemplo de la educacion britanica que llevan al maximo extremo los kiwis (y que yo llamo indecision), creyo conveniente llamar a Jo para preguntarle porque no venia, ya que necesitabamos estar en 2 dias en Picton, para subir al ferry que cruza el estrecho de Cook. La respuesta fue que se habia olvidado y que al dia siguiente vendria a eso de las ocho de la mañana a repararla. Gracias a Su y Joe disfrutamos de otra cena en compañia de la familia Archer.

Al dia siguiente, ya pasadas las nueve estaba yo llamando a la puerta del vecino a ver si venia o nos ibamos a Picton haciendo autoestop, y me dijo que salia en cinco minutos. Al fin salio, hurgo en las entrañas del viejo motor Ford y a mediodia ya estabamos de camino al norte con la furgo reparada y con 20 dolares menos en el bolsillo. Por lo menos esta vez nos salio barato...

Mas o menos en la mitad de los 330 km que separan Christchurch de Picton se halla la peninsula de Kaikoura, un santuario de delfines, ballenas y sobre todo focas, que puedes ver descansar al sol primaveral desde la carretera. Tuvimos la suerte de poder ver jovenes machos peleandose por su espacio en la piedra mas acogedora, pacientes mamas descansando con sus bebes retozando encima de ellas, machos adultos poco timidos al ver que nos acercabamos a ellos para sacar fotos... Es todo un espectaculo ver a estos gordos bichos de 185 kilos en su ambiente natural y no haciendo tonterias con una pelota de colores en la nariz para deleite de esa especie animal tan destructiva: el ser humano.

Siguiendo hacia el norte, la carretera continua entre las ya habituales colinas verdes que se repiten por todo el pais, pero esta vez rodeada de viñedos. Marlborough es una de las zonas vinicolas mas famosas del pais, con una buena calidad en vinos blancos. La lastima es que conducimos, y no podemos parar en los viñedos que ofrecen catas y paseos en cada kilometro de la carretera, asi que sin haber bebido una gota de vino llegamos a Picton al atardecer y decidimos aparcar para pasar la noche enfrente del puerto, ya que el check-in era a las siete de la mañana del dia siguiente.

La noche fue algo movidita al pasar de vez en cuando camiones hacia el puerto, pero nada comparado con la mañana, que nos deparo una nueva sorpresa al volver a poner la llave en el contacto, girarla y...

Jueves 17 de diciembre, parking del puerto de Picton. Una checa y un español desesperados ven como la bateria de su furgo desfallece mientras ya estan los coches en la fila para embarcar en el ferry rumbo a Wellington. Con su precario presupuesto no se pueden permitir perder el billete del ferry, pero a la vieja Ford no parece importarle y se niega a arrancar...

domingo, 13 de diciembre de 2009

Volviendo hacia el norte

Con la lima de uñas de Andy casi inservible y despues de que un simpatico japones nos dejara su navaja suiza (con lima incluida), conseguimos ver una chispa que al fin hizo que Su arrancara despues de haber estado casi una hora del domingo hurgando en las entrañas del motor de esta vieja furgo que ya tiene mas de 310.000 km en el marcador. Con miedo a que no volviera a arrancar, nos dirigimos a Dunedin y aparcamos delante de un taller, con la idea de dormir dentro de la ciudad y estar preparados para ser los primeros el lunes por la mañana.

El domingo lo dedicamos a pasear por la ciudad y disfrutar de su piscina publica. Algo que facilita la estancia en Nueva Zelanda a la gente que viaja como nosotros es que en cualquier pueblecito encuentras lavabos publicos en buen estado, y en muchos de ellos ademas hay piscina cubierta a un precio bastante asequible (2-4 euros por persona), lo que hace que la ducha no se convierta en algo imposible. Incluso nos compramos gafas de nadar.


Lo peor vino por la noche. Aun siendo una calle poco transitada por coches o peatones, cocinar y cenar dentro de una furgo es poco intimo: siempre te sientes observado aunque cierres las cortinas. Pero despues de leer a la luz de las farolas, dormir en una ciudad es toda una odisea. Primero rezas para no tener que levantarte por la noche para ir al lavabo, despues no puedes dormir por el trafico de las calles cercanas, despues te das cuenta de que si pasa la policia te puede peir amablemente que vayas a dormir a otro lado... y cuando ya te has conseguido dormir te despierta el estruendo del camion que limpia las calles a las 3 de la madrugada. Vaya nochecita...

Pero a la mañana siguiente nos abrieron las puertas de un taller donde se apiadaron de nosotros y nos consiguieron colar en la lista de espera para echarle un vistazo a la furgo. Lo mas curioso fue ver los elevadores que tenian para los coches: un par de ellos eran de la marca Istobal, Made in L'Alcudia, a unos 7 km de mi pueblo, mas o menos a la otra parte del mundo. A eso de las 14:30 saliamos de Dunedin con la furgo reparada (le cambiaron un par de piezas de cuyo nombre no quiero acordarme) y con nuestro presupuesto tambaleandose con 110 euros menos en el bolsillo.


Volviamos a estar en la carretera, viajando hacia el norte en nuestra travesia por la costa este de la isla del sur, que nos llevaria hasta Moeraki, donde hay una playa con unas rocas practicamente esfericas formadas hace un monton de años, donde tuvimos pocas oportunidades de sacar fotos sin japoneses por el medio. Hay que ver la cantidad de nipones que se ven viajando en enormes grupos por esta pais! Mas o menos como los españoles viajando por Europa... Aun asi, la imagen de las olas rompiendo en estas grandes esferas de hasta 3 metros de diametro es digna de hacer una larga parada en el camino.

El siguiente pueblo era Oamaru, un pueblecito con una fabrica de queso buenisimo y con una colonia de timidos pinguinos azules que cada anochecer vuelven del mar a pasar la noche con sus crias a la costa. Hay un centro que por una modica cantidad que no nos podiamos permitir te sentaban en una especie de anfiteatro para verlos salir del mar en masa hacia sus nidos. Nosotros, con la ayuda de la Lonely Planet, esperamos en el parking del centro de observacion, y pudimos ver el mismo espectaculo gratis. Los pequeños pinguinos azules tienen que salir del agua y cruzar la calle del puerto, que afortunadamente esta señalizada para que nadie conduzca rapido. Alli estuvimos mas de una hora viendo una constante procesion de simpaticos pinguinos desafiando a los coches que para ellos deben parecer estruendosos monstruos con ojos de fuego que no les dejan ir a alimentar a sus hijos despues de un largo dia de pesca.



A la mañana siguiente nos adentramos hacia los Alpes del Sur en direccion noroeste. La incesante lluvia hizo que decidieramos pasar un dia de descanso en una granja que ofrece habitaciones, tiendas de campaña o sitios para aparcar las caravanas a un precio bastante asequible. Nosotros pagamos 10 euros por una noche  con derecho a cocina, baño, salon, pelis, libros, revistas, cafe, compañia, buenas conversaciones y una de las mas bonitas puestas de sol que puedas imaginar.


De alli, seguimos la ruta pasando por el valle Waitaki, donde unas fantasticas formaciones rocosas llamadas Elephant Rocks sirvieron de escenario para la peli "Las Cronicas de Narnia", y donde nos esperaba una zona de lagos y embalses color turquesa que son la antesala de los glaciares que rodean las montañas mas altas del pais. Entre ellas, el Mt. Cook, con mas de 3700 metros, domina un paisaje de pastos, rios y lagos que no pudimos disfrutar al 100% debido a las nubes y a la incesante llovizna que no nos dejo de acompañar en los 2 dias que pasamos por alli. Aun asi, el paisaje es sobrecogedor, pero mas sobrecogedor es ver el lago Tasman con sus icebergs flotando como esponjas que intentan aguantar congeladas las cada vez mas altas temperaturas del planeta. Pensar que hace tan solo 20 años este lago no existia, que hace 100 años esta zona estaba cubierta de hielo y nieve todo el año, que lo que queda del glaciar Tasman, el mas grande de Nueva Zelanda, se esta derritiendo a una velocidad estratosferica, que estas enormes reservas de agua que ayudan a que este pais sea tan maravillosamente verde puedan agotarse en pocos años convirtiendo en desiertos lo que ahora son bosques y prados... y que la cumbre de Copenhagen sea otro fiasco... es tambien sobrecogedor.


Volvimos hacia la costa por rectas e interminables carreteras flanqueadas por granjas y mas granjas repletas de ovejas y mas ovejas, vacas y mas vacas, y todo ello con un fuerte viento que hacia que la  pobre Su bailara al son de los rabiosos resoplidos de Eolo.

Una soleada tarde de sabado llegabamos a Christchurch (tres CH!), la ciudad mas grande de la isla del sur, aunque solo tenga algo mas de 300.000 habitantes. Alli nos esperaba Brian, otro simpatico kiwi que conocimos en Tonga y que nos ofrecia quedarnos en su casa para empezar a disfrutar de temperaturas mas acordes del incipiente verano, pero sobre todo para disfrutar de la agradable compañia de Virginia, su mujer, y sus dos hijos, Theo y Salomon, ademas de dos enormes gatos (como ya he comentado, aqui en NZ todo es ENORME) que comparten la bonita casa con vistas a las dunas que dan acceso a la playa.

Se acerca la navidad y nosotros en la playa... El mundo al reves!

sábado, 5 de diciembre de 2009

A 4800 km del Polo Sur y Su no arranca

Sabado 5 de noviembre, 9:30. Punto muerto, aprieto el pedal del embrague, tiro del mando del "starter", giro la llave del contacto... y Su no quiere arrancar. Miro a Andy con cara de sorpresa sin saber que contestar a su pregunta: "Porque no arranca?". Pienso que ojala sea porque esta fria, ya que el gelido viento que soplaba ayer entraba por cualquier rendija de la vieja carroceria de nuestra compañera de viaje.

El dia anterior habiamos llegado a The Catlins, una zona de acantilados en el punto mas al sur de la isla del sur de Nueva Zelanda. Tan solo nos separaban unos 4800 km del Polo Sur, cosa que se dejaba notar en el fuerte viento que soplaba todo el dia. El mar, de un color turquesa intenso, luchaba con su enorme fuerza contra el viento del este que hacia que mas que hablar tuvieramos que gritar desde los acantilados para oirnos el uno al otro. Y aferrandose a las rocas del litoral el kelp, una alga enorme de aguas frias, ondulaba al son de las olas. Para llegar a los acantilados de Slope Point, tuvimos que aparcar a Su a unos 300 metros y cruzar pastos privados donde solo unas hierbas de hojas estrechas y largas se atreven a crecer en esta ventosa costa. Habiamos leido que unos bloques de hielo se habian desprendido de la Antartida y se dirigian hacia esta costa. Brrrr! Que frio! Menos mal que nos habiamos equipado con buena ropa...

Sabado 5 de noviembre, 9:45. Le doy la vuelta de nuevo a la llave y el motor de arranque hace girar el cigueñal unos segundos, pero Su se niega a arrancar. Intento pensar que puede ser, pero no se me ocurre nada. Sabado por la mañana, a 30 km del pueblo mas cercano en una carretera sin asfaltar no es el mejor lugar para quedarse tirado. Y ademas no tenemos seguro, cosa muy normal y legal en esta pais, donde de todas formas no nos resultaria nada facil asegurarla por 3 meses al no tener trabajo ni una direccion fija.

En agosto de 2005 fuimos un mes a Indonesia, nuestro primer gran viaje juntos, del que tenemos unos recuerdos maravillosos. Alli conocimos a los geniales Serafin y Antonella, dos alemanes que estaban dando la vuelta al mundo (ahi sembramos la semillita de este viaje), con los que estuvimos dos tardes tan intensas que no hemos perdido el contacto. Nos invitaron a su (segunda) boda en Alemania, donde conocimos a los kiwis David y Robyn, un martrimonio de pastores de una iglesia creo que baptista. Ellos se encargaron de casar por primera vez a Serafin y Antonella en su etapa en Nueva Zelanda, a su paso por Invercargill.

Antes de ir a The Catlins, fuimos a Invercargill, la ciudad mas grande del sur de Nueva Zelanda, con casi 50.000 habitantes. Alli pasamos unos dias con estos simpaticos y hospitalarios pastores que nos llevaron a conocer Bluff, un bonito pueblo pesquero famoso por sus ostras que no pudimos saborear al no ser la temporada. Los dias soleados hacian que los kiwis sacaran a relucir sus brazos y piernas blancas en busca de algo de moreno a la minima ocasion, pero a nosotros el frio viento nos hacia llevar siempre puesta la chaqueta. La ciudad tiene unos parques muy interesantes por los que pasear y poder ver alpacas, avestruces, ciervos y toda una gama de animales de granja (cerdos, gallinas, patos, conejos...) de unas especies bastante diferentes a las europeas. Pero personalmente sigo encontrando las ciudades de las antipodas bastante faltas de caracter, al carecer de edificios tan antiguos como los del viejo continente. Aun asi, no hemos venido a Nueva Zelanda por su arquitectura,

Sabado 5 de noviembre, 10:00. Otra vez giro la llave y otra vez el cigueñal gira sin hacer arrancar a Su. La bateria esta empezando a agotarse y Andy empieza a parar a los coches que pasan para preguntarles si tienen cables para cargar la bateria. Al final un señor dice que tiene en su casa, cerca de aqui, y que va a por ellos. Aun asi no veo que esa sea la solucion, pero mejor intentar varias veces arrancar con los cables que agotar totalmente la bateria.

Antes de Invercargill habiamos bajado desde Te Anau hasta la costa del sur, por la serpenteante Southern Scenic Route (Ruta Escenica del Sur), una carretera que cruza los ondulantes e interminables pastos del sur, una de las zonas con mas granjas y centrales electricas de Nueva Zelanda, pero tambien una de las zonas mas despobladas del pais. El sabado 28 de noviembre habiamos llegado a Te Anau, un pequeño pueblecito de poco mas de 3000 habitantes a orillas del lago del mismo nombre que no tiene mucho que ofrecer si no te decides a recorrer alguna de las rutas mas famosas, concurridas y caras de Fiordland, Kepler Track y Milford Track un par de rutas alpinas que debido al cambiante tiempo primaveral que se avecinaba (y a nuestro precario presupuesto) decidimos no hacer, y conformarnos con el recuerdo de las 3 grandes rutas que ya hemos hecho, y alguna mas que tenemos pensado hacer.

Por la tarde salimos de Te Anau hacia el despoblado sur, pero poco duro el camino al empezar Su a fallar, dando unos tirones que no nos gustaban nada. Decidimos volver a Te Anau, ya que en los 158 km que nos separaban de Invercargill no habia ningun taller ni pueblo grande donde poder pedir ayuda. Pasamos el fin de semana en un camping, leyendo, viendo pelis (que lujo!), descansando de la dura vida de turistas, cocinando, conociendo a algunos españoles que estaban viajando por estos lares, y aprovechando para cambiar el aceite de la furgo (estoy aprendiendo algo de mecanica!). El lunes a eso de las 14:00 ya teniamos a Su reparada, con las bujias y el condensador (que se habia quemado) nuevos.

Sabado 5 de noviembre, 10:30. Pensando en esa reparacion intente arrancar por ultima vez ya con la ayuda del señor que habia ido a buscar las pinzas para la bateria, pero Su se nego a arrancar de nuevo. Decidimos hacer autoestop hasta Owaka, a 30 km, donde nos dejaron en una gasolinera y otro simpatico kiwi se ofrecio a llevarnos en busca de un taller que nos pudiera dar una solucion el sabado a mediodia. La solucion se presento en forma de un mecanico que nos cobraba una pasta por ser fin de semana, con lo que decidimos volver a la furgo a pasar el sabado y el domingo alli y volver el lunes al pueblo para encontrar otra solucion mas barata.

El chico que nos llevo de vuelta hasta Su le echo un vistazo, vio el condensador otra vez quemado y se puso a lijarlo con una lima de uñas. Me dijo que probara y VOILA! Su arranco! No podiamos creerlo. Ya nos habiamos hecho la idea de pasar el finde tirados al lado de la fria playa y de nuevo estabamos en la carretera! Despues de darle las gracias a nuestro salvador nos dirigimos a Dunedin, ya hacia el norte, pensando en buscar un taller el lunes donde solucionar el problema del condensador quemado, pero tambien pensando que ya habiamos pasado el ecuador de nuestra etapa neozelandesa. Habiamos ido al norte de la isla del norte y al sur de la isla del sur, recorriendo en un mes y medio casi 5000 km de precioso paisaje verde.

El sabado por la noche, despues de ver la repeticion del primer partido de la Copa Davis entre España y la Rep. Checa (gano España) fuimos a una reserva de pinguinos, focas, leones marinos y albatros, ya cerca de Dunedin. Al llegar pudimos ver tres pobres pinguinos deslumbrados por los faros de la furgo, con lo que fuimos a una zona apartada a pasar la noche, a un par de kilometros de la playa.

Ya el domingo por la mañana Su arranco y volvimos a la playa a ver focas y leones marinos, en un gris y lluvioso dia que se volvio mas gris al volver a la furgo, poner la llave en el contacto, girarla y... otra vez no arranca! Domingo, llueve, Su no arranca, estoy ya mas de media hora lijando el condensador con la pequeña lima de uñas que se esta quedando lisa, a 30 km de la ciudad y la bateria se esta empezando a agotar...

Por lo menos he leido que España ha ganado la cuarta Copa Davis.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Por las cumbres del sur

Todavia con las piernas temblando por Nevis Arc, decidimos hacer la Routeburn Track, una ruta de montaña alpina muy chula, que unida a Greenstone o Caples (otras 2 rutas) hacen una gran ruta de un buen puñado de kilometros que se suele hacer en 4 o 5 dias. Nosotros empezamos la ruta con muchas ganas y con buen tiempo, caminando por bosques de montaña verdes y humedos, hasta acampar en el primer camping, donde dormimos a la orilla de un rio de frias aguas de deshielo primaveral. Es escenario era maravilloso, con ruidosas cascadas despeñandose desde las cumbres nevadas, pero con unas amenazadoras nubes que al anochecer empezeron a dejar caer alguna gota.

Por la mañana las pocas gotas se habian convertido en una ligera pero incesante lluvia que nos acompaño durante todo el dia. Salimos todos los que habiamos acampado en un grupo junto a la vigilante del camping, ya que en el paso mas alto de la ruta, a 1270 metros, habia riesgo de avalanchas y lo teniamos que cruzar con expertos que nos esperaban en la zona critica. Las vistas que esperabamos disfrutar una vez encima del nivel de la linea de los arboles estaba casi completamente tapada por las nubes que no dejaban ni un momento de descargar sobre nosotros la lluvia primaveral de los Alpes del Sur. Con todo el cuerpo mojado bajamos al albergue en el lago Mackenzie a 1000 metros de altitud, situado en un valle que no podiamos ver en todo su esplendor debido a las nubes.

El jueves afortunadamente dejo de llover, pero para el viernes se esperaba una fuerte tormenta que entraba desde el frio Oceano Antartico, con lo que decidimos volver hacia el principio de la ruta, aprovechar el dia soleado que nos habia regalado esta primavera meridional y estar en la furgo para pasar la tormenta, que en la tienda de campaña el frio y la humedad aprietan y ahogan pero bien. Subimos otra vez hasta los 1270 metros, donde pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas. Los picos de estas montañas situadas entre los Parques Nacionales de Fiordland y Mt. Aspiring son sobrecogedores, con sus afiladas cumbres nevadas por encima del nivel del hielo en alguna glaciacion hace miles de años, con montañas erosionadas por otra glaciacion debajo de la primera... todo esto lo podiamos ver gracias a los comentarios del simpatico Jack, que junto a la no menos simpatica Sue, dos canadienses, nos acompañaron en este dia de vistas espectaculares donde incluso pudimos ver el mar entrando por los fiordos del sur, espectaculares lenguas de agua que entran a las frias tierras que miran hacia la Antartida.

Despues del genial dia pasado junto a Jack y Sue, con sus historias de sus viajes por todo el mundo (se conocieron en la Republica Checa!), llegamos a Glenorchy, un pequeñito pueblo con un camping donde disfrutamos de una ducha caliente (al fin!) y pasamos la noche, para despertarnos al dia siguiente con los primeros vientos de la fria tormenta que desencadeno toda su furia hacia el mediodia.

Pero para entonces ya volviamos a Queenstown en nuestra querida Su para seguir la ruta hacia Fiordland, Invercargill y The Catlins, en el sur del sur, lo mas al sur que hemos estado nunca, y que solo lo podremos superar cuando vayamos a la Tierra de Fuego, en Sudamerica, que todo llegara...

De momento nos tenmos que conformar con Nueva Zelanda, que no es poco.

Hacia el sur vamos!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Saltar o no saltar. Esa es la cuestion.

Queenstown es una ciudad del sur de la isla del sur de Nueva Zelanda, situada al lado del lago Wakatipu, a 300 metros de altura sobre el nivel del mar. Este gran lago forma una "S" de unos 150 km de larga y el estar rodeado de montañas de hasta 2000 metros de altitud hace que pasear por la ciudad sea un deleite para la vista, viendo el paisaje que la envuelve. Ser una pequeña ciudad de menos de 14000 habitantes no evita que sea un hervidero de gente que va de aqui para alla, de tiendas, de restaurantes, buscando informacion sobre las rutas que ofrece el maravilloso entorno que la rodea, sentados en una terraza tomando una cerveza, cruzando las calles entre el tranquilo pero incesante trafico o simlpemente parados en cualquier acera mirando al cielo. Y es que en el cielo de Queenstown siempre ves uno o dos parapentes descender relajadamente desde el monte Bob's Peak, a 790 metros de altura, y de vez en cuando oyes a alguien gritar de emocion desde alguno de ellos.

Porque emociones fuertes es lo que ofrece esta pequeña ciudad dedicada casi en exclusiva al turismo. En el centro abundan los operadores de deportes de aventura y de riesgo, ofreciendo una gran cantidad de posibilidades para no aburrirte ni un segundo. Puedes pasear por el lago en un tranquilo barco de vapor o en una lancha rapidisima (jetboat), el ya comentado parapente, subir en globo, saltar desde un avion desde mas de 4500 metros de altura en paracaidas, volar en ala delta, hacer rafting, ir en kayak por los rios cercanos, alquilar motos de cross o quads, montar a caballo... y lo que nos estaba interesando mas, el bungy-jumping.

Fuimos a la tienda de AJ Hackett donde ofrecian varias opciones. Hay una plataforma en la ciudad situada a 47 metros de altura donde puedes saltar de noche o de dia viendo Queenstown bajo tus pies, o bajo tu cabeza cuando ya estas colgando de la cuerda. Tambien hay otra plataforma a las afueras de la ciudad en un puente a 43 metros de altura sobre un rio en el que tienes la opcion de saltar sin tocar el agua, solo tocandola o sumergirte completamente en ella. Pero claro, 43 o 47 metros es poco comparado con los kilometros que hemos hecho desde Europa hasta Nueva Zelanda, no?

Asi que nos decidimos por Nevis. Alli hay dos opciones: una plataforma situada a 134 metros de altura sobre un riachuelo desde la que puedes hacer el clasico bungy-jumping (si te atreves, claro) o un puente colgante a 160 metros de altura donde te sueltan en un mega columpio colgado de unos cables de 120 metros, donde empiezas con una caida libre de unos 60 metros, llegando a alcanzar los 120km/h, describiendo un arco de 300 metros de largo. Escogimos el arco (el mas alto del mundo!), dejandonos caer en tandem, los dos juntitos, por eso de agarrarte a alguien cuando el alma se te escapa por la boca en el irreprimible grito inicial que das cuando aprietan el boton que desbloquea el seguro que te mantiene arriba.

Podeis ver algunos videos en YouTube, si buscais Nevis Arc. Tenemos el de nuestro descenso, pero es demasiado largo y no lo puedo colgar aqui. He colgado tambien un par de fotos que he encontrado en la red del arco y del bungy.

Lo peor de todo fue soltar los pies de la plataforma para quedarte colgando del arnes doble donde nos sentabamos. El encargado de soltarnos nos tuvo que poner los pies en el aire, ya que nosotros no podiamos hacerlo por nosotros mismos. Y luego, cuando el pregunta si queremos una cuenta atras, una sorpresa o decir nosotros "YA!", la respuesta es obvia: no queremos ninguna de las opciones!!! Pero que hacemos aqui??? Quien nos mandara meternos en semejantes fregados???

Hasta que oyes: "Que tal ahora?" Y sin darte cuenta estas cayendo mientras gritas sin parar, con los ojos fuera de las orbitas, notando el aire en tu cara pegarte fuerte por la aceleracion estratosferica de la caida libre, hasta que empiezas a balancearte en un largo arco que hace que tu corazon vuelva a latir y puedas darte cuenta de lo que acabas de experimentar. Mi primera reaccion fue abrazar y besar a Andy, pataleando y gritando por la descarga de adrenalina sufrida en tan poco tiempo. Mientras nos volvian a subir, mientras nos quitaban el arnes, mientras veiamos al resto de gente balancearse, mientras volviamos a la base donde te relajas y encargas tu video, mientras buscaba como lo podia colgar en internet, mientras volviamos a la ciudad, mientras cenabamos... no pudimos quitarnos la sonrisa que se nos habia pegado a la cara como una lapa.

Habra que ir pensando en un bungy-jumping en España. Y es que esto engancha. No creo que sea para repetirlo nada mas haber saltado, mejor dejar un tiempo entre saltos para no habituarte demasiado. Ha valido la pena ahorrar mucho para haber podido experimentar esto. (Entrada de Andy.: "la verdad es que Sergi si que queria hacer el bungy, sin embargo yo estaba cagada, porque el hecho de estar en la plataforma de bungy que fuimos a ver y mirar abajo unos 200m es para cagarse. Y el motivo de no saltar mas pesado era el economico, como siempre en nuestras decisiones....)

Jeronimoooooo!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Por la orilla del Mar de Tasmania

Dirigiendonos hacia el sur por la costa oeste, cada vez vamos a zonas mas despobladas, donde las ciudades grandes son de menos de 15000 habitantes y los pueblos pequeños los cruzas sin darte cuenta. Kilometros y kilometros de paisaje verde, que segun vamos dejando atras nos van acercando mas a las altas montañas de los Alpes del Sur, verdaderas cumbres nevadas de mas de 3000 metros que hacen que no tengamos ni un segundo de aburrimiento en la carretera al mostrarnos los diferentes paisajes que ofrece esta maravillosa isla del sur. Tan pronto estas inmerso en un escenario alpino digno de los mas abruptos entornos suizos, como ves aparecer entre colinas boscosas el bravo mar que lleva el nombre de Abel Tasman, como tantos otros parajes por el Pacifico sur.

Algo que se va haciendo menos habitual por esta zona es la influencia maori. En la isla del norte estabamos casi constantemente en contacto con la cultura indigena de Aotearoa (nombre maori de Nueva Zelanda) en forma de nombres de pueblos, lagos, montañas... Pero hubo una pequeña leyenda que nos conto el piloto del barco que nos llevo al principio de la ruta costera de Abel Tasman que me gusto especialmente.

Hay una piedra a la orilla del mar, con forma bastante esferica, que segun los cientificos contenia agua en su interior y en alguna glaciacion el agua convertida en hielo hizo que se partiera en dos, dandole una forma muy peculiar. El piloto nos acerco a la piedra y pudimos verla de cerca.

Segun la leyenda maori, el dios de la tierra y el dios de los mares se enzarzaron en una discusion por la propiedad de la piedra, entonces redonda. El dios de la tierra decia que era suya, ya que con la marea baja se podia caminar hasta ella. Pero con la marea alta, la piedra se convertia en una pequeña isla, con lo que la piedra pertenecia al dios de los mares, segun el. De tanto discutir, el dios de los mares se enfado y con su baston de guerra partio la piedra en dos. Desde entonces, cuando hay mala mar es porque el dios del mar esta enfadado por haber recibido la parte mas pequeña de la ahora conocida como Apple Split Rock (Roca Manzana Partida). Esta claro que esta leyenda es mucho mas creible que la teoria de los cientificos, no?

Pues hacia el sur que nos dirigiamos con nuestra querida Su, pasando por lugares con nombres tan sugerentes como Buller Gorge, Charleston, Paparoa National Park, Chesterfield o Hokitika, una pequeña ciudad dedicada casi por completo a la creacion de joyas en jade (nombre europeo), greenstone (nombre neozelandes) o pounamu (nombre maori). La verdad es que hacen verdaderas obras de arte con esta dura piedra verde usada por los maoris para hacer armas y como ornamento.

Pero nuestro destino principal por la costa oeste eran los glaciares Franz Josef y Fox. Se trata de dos de los mayores glaciares de la zona (hay mas de 100), en la vertiente oeste de los Alpes del Sur, las montañas mas altas de Nueva Zelanda, donde destaca el monte Cook con 3754 metros de altitud. En dos zonas bastante turisticas pudimos aparcar a Su para caminar un buen trecho hasta donde te dejan llegar para observar estas dos enormes moles de hielo con seguridad. Verlas de cerca te hace sentir muy pequeño.

Despues de los glaciares seguimos hacia el sur hasta el precioso pueblo de Wanaka, a orillas del lago del mismo nombre, y muy cerca del lago casi gemelo de Hawea.
View Larger Map Alli estuvimos un par de dias en los que tuvimos tiempo para hacer una ruta de unas 4 horas para ver otro glaciar, el Rob Roy, este mucho menos masificado que los anteriores. La vista es diferente, viendolo colgado de las montañas desde abajo, con lo que solo puedes ver una pequeña parte del hielo, pero me impresiono mucho mas que los otros por el lugar donde se encuentra, justo por encima del nivel de los arboles y porque tuvimos la suerte de ver un "pequeño" desprendimiento de hielo que nos dejo las cosas claras con respecto a quien manda aqui: la Naturaleza tiene un poder enorme.

De Wanaka continuamos al sur hasta Queenstown, una ciudad mas pequeña que mi pueblo pero bastante turistica, con opciones de deportes de aventura para todos los gustos. Con un catalogo de Bungy-jumping en la mano fuimos a dormir para ver que podiamos hacer por aqui.

Saltaremos?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un dia cualquiera

Software: Andy. Hardware: Sergi. O sea, que la idea de esta entrada es de Andy, pero soy yo el que la tiene que plasmar en letras juntas que tengan sentido... a ver que sale.

Nos levantamos a eso de las 8:30, cuando el cuerpo nos lo pide. Preparamos el desayuno, que suele ser de avena con leche y fruta, o pan con Nutella o con Mantequilla y vegemite, o una lata de Baked Beans con algo de pan. Un par de tes y a eso de las 9:30 nos ponemos en marcha. Solemos dormir en las afueras de alguna poblacion, por lo que nuestro primer destino es dicha poblacion y vamos al centro a buscar la libreria, donde nos lavamos los dientes y nos conectamos a internet, que suele ser gratis, o al menos mas barato que en los lugares privados. Vamos a la oficina del DOC (Departamento de Conservacion) a que nos informen de las rutas que podemos hacer por la zona, y nos preparamos para alguna de ellas.

Entre unas cosas y otras, nos va entrando hambre, y tomamos un cafe por el centro, donde aprovechamos para cargar las baterias del movil y de la camara. Vamos a comer algo ligero a algun parque, o cerca de algun sitio chulo, o simplemente dentro de la furgo si llueve o no tenemos muchas opciones de movernos.

Por la tarde, despues de haber hecho alguna caminata por los alrededores, vamos a buscar algun sitio para pasar la noche, intentando que sea en la direccion a la que nos dirigimos, cerca de la carretera pero escondidos de la vista de la gente, y procurando no oir demasiado el trafico, que por otra parte es escaso.

Si pasamos cerca de un lago o rio, aprovechamos para bañarnos. Otra opcion es ir a alguno de los muchos lavabos publicos y lavarnos como podemos alli. A veces vamos a las piscinas publicas, y aprovechamos para nadar un rato, meternos en el jacuzzi y disfrutar una ducha calentita.

Preparamos la cena a eso de las 18:30, que suele ser alguna ensalada y una lata de sopa o estofado consistente. De vez en cuando compartimos media botella de vino blanco de la zona, que suele ser bueno, mientras repasamos lo que nos hemos gastado en el dia. Siempre intentamos reducir nuestros gastos para estar tranquilos al final del viaje. Le damos vueltas a la posibilidad de estar uno o dos meses en Australia, segun el dinero que nos quede. Y es que necesitaremos dinero para alargar el viaje, que en un principio termina el 14 de junio de 2010, pero ya se nos esta haciendo corto. Antes de anochecer aprovechamos para leer el libro de turno o la Lonely Planet, preparando los dias siguientes. Y a eso de las 20:30 o las 21:00 vamos a la cama, donde leemos un poquito mas hasta que se nos cierran los ojos.

Esto es lo que solemos hacer en un dia cualquiera de nuestro periplo neozelandes. A veces el dia incluye algun centenar de kilometros, otras veces alguna caminata de 3 o 4 horas, otras veces vamos de compras (aunque no compremos nada...), de vez en cuando escribimos alguna postal, cada 100 km paramos un par de veces a hacer fotos del maravilloso paisaje que nos rodea y siempre, siempre seguimos la ruta con una sonrisa en la boca y otra en el alma por la gran suerte que tenemos de no tener miedo de haber hecho esta decision de dejarlo todo (o casi) para emprender esta aventura que ya nos ha llevado por medio mundo y que aun nos tiene que llevar a ver el otro medio.

Salud!

domingo, 15 de noviembre de 2009

Por el Parque Nacional Abel Tasman

En Diciembre de 1642 el explorador Abel Tasman llego a las costas del ahora Parque Nacional que lleva su nombre, aunque no llego a tocar tierra debido a los enfrentamientos con los maoris. Su mision al servicio de la Compañia Holandesa de las Indias Orientales (VOC) era investigar el territorio conocido como "Nueva Holanda", hoy Australia, de la que los holandeses habían descubierto la costa oeste y debía determinar si la zona pertenecía a la Terra Australis. La VOC esperaba que Tasman pudiera localizar un nuevo e inexplorado continente con fines comerciales, o al menos, encontrar un estrecho a través de Nueva Guinea que les condujera al Pacífico. Tasman no consiguió ninguno de esos objetivos, aunque geográficamente, sus expediciones han sido de las más fructiferas de la historia.

Gracias Wikipedia.

A mediados del siglo XVIII los exploradores Jules Dumont d'Urville, frances, y James Cook, ingles, tambien se dejaron caer por estos lares, estableciendo contacto con los habitantes y cartografiando gran parte de la costa norte de la isla sur de Nueva Zelanda.

En un terreno con tanta historia de exploradores decidimos hacer nuestra pequeña exploracion de la ruta costera Abel Tasman; 51 kilometros de caminata que transcurre entre colinas de hasta 400 metros de altura, playas de arenas doradas, bahias de aguas turquesa, acantilados donde puedes ver colonias de focas y algun que otro pingüino, y los ya conocidos bosques y pastos que nos vienen acompañando en este periplo de nuestro viaje.

No dejan de parecerme sorprendente la cantidad y variedad de helechos que puedes ver en estos bosques. Los helechos carecen de flores, pero es muy interesante ver como crecen, desde el centro, desenrollando sus nuevas hojas como en un interminable bostezo que da la bienvenida a los primeros calores de este verano austral que parece que le esta costando llegar mas de lo esperado. El pasado mes de octubre fue el mas frio de los ultimos 146 años aqui. El clima parece estar un poco loco por los mares del sur, como ya comprobamos en Tonga y Fiji. Y hoy he leido que gracias a USA y a China, no se conseguira firmar el tratado de Copenhague para reducir las emisiones de CO2. Vamos bien, pues.

Desde el pequeño pueblecito de Marahau salio la lancha que nos llevo al norte de la ruta, cerca de una bahia con un pequeño y basico camping gestionado por el DOC, donde montamos nuestra tienda de campaña a mediodia y nos dirigimos unos 10km al norte donde se encuentra el cabo Separation Point, con su colonia de focas que puedes ver bastante cerca desde los acantilados, descansando al sol y sumergirse de vez en cuando a las frias y bravas aguas del estrecho de Cook, que separa las islas norte y sur.

Por esta zona, la mas alejada del principio de la ruta, no vimos a mucha gente, no como los siguientes dias. No es que fuera excesivo el numero de personas que ibamos viendo por el camino, pero con la reciente ruta Queen Charlotte en mente, cruzandonos con 5 o 6 personas al dia, la Abel Tasman nos parecia bastante mas explotada. Y es que aunque este Parque Nacional es el mas pequeño del pais, esta ruta es la mas famosa y la que mas personas recibe al año, duplicando a la siguiente en numero de trampers, como llaman aqui a los que se dedican a hacer rutas por el monte.

Continuando hacia el sur, en etapas de 4 a 6 horas diarias, seguimos disfrutando de la exhuberante naturaleza que nos rodeaba, con una interminable variedad de pajaros con unos cantos tan diferentes a lo que estamos acostumbrados en la vieja Europa que a veces parece que estes oyendo campanas, violines, flautas... moviles... Segun nos explico el capitan del barco que nos llevo a la primera etapa, antes de la llegada de los europeos, en Nueva Zelanda no habian mamiferos terrestres, solo aves y algun que otro reptil, que campaban a sus anchas y no tenian depredadores que diezmaran su poblacion, como hicieron los animales introducidos por los colonizadores. La gran cantidad de aves que hay en el pais es minima comparada con la que habia hace tan solo un par de siglos.

Las siguientes etapas no fueron tan exigentes con las de la anterior ruta, aunque eso no evito que a Andy le saliera alguna que otra ampolla en los pies. Pero la diferencia al final de cada etapa era grande, sin casi agotamiento al llegar a los campings ni agujetas a la mañana siguiente.

Durante la ruta tuvimos frio, gracias al viento marino que soplaba de vez en cuando, calor, gracias al solecito primaveral que se dejaba ver cada dia, e incluso llovio toda la tarde del segundo dia, haciendo que una basica "cocina" con techo de unos 20 metros cuadrados se convirtiera en refugio de los caminantes que iban apareciendo en procesion a resguardarse de la fria lluvia.

El tercer dia tuvimos la suerte de conocer en una playa por la que solo se podia pasar con la marea baja a Katja y Rene, una pareja de simpaticos alemanes treintañeros muy interesantes que se han recorrido medio mundo en sus trabajos y estudios. La ultima estacion fue un par de años en China, que ahora terminaba y volvian a Alemania, a tener hijos, que ya toca segun ellos. Nos tocara a nosotros algun dia?

Al final de los 51km de ruta nos esperaba de nuevo el pueblecito de Marahau, con un camping en el que pudimos darnos una ducha calentita de un dolar y poner una lavadora de 3 dolares. Hay que ver que bien se lo montan estos kiwis!

Ah! Hablando de kiwis, hay 3 tipos de kiwis:

El primer tipo de kiwi es peludo y de un verde apagado por fuera, con un verde mas intenso por dentro, con pequeñas semillas que no molestan cuando disfrutas del dulce sabor de esta fruta venida de china hace ya un monton de años, y que los nativos llaman kiwifruit. Hay otra variedad de kiwifruit, menos peludo por fuera y amarillo por dentro, llamado gold, que no hemos probado pero que nos han dicho que tiene el mismo sabor, solo que es mas caro que el anterior.

El segundo tipo de kiwi se divide en varios subgrupos, aunque todos comparten ciertas caracteristicas, a saber: son muy dificiles de ver, al ser nocturnos; son pequeñitos, aunque mas grandes que el kiwifruit; no se como son por dentro, pero las hembras crian un huevo enorme para su tamaño dentro de su cuerpecito durante 11 meses, y los machos lo incuban despues; no son peludos, sino que tienen plumas; son aves, aunque no vuelan; estan en peligro de extincion, gracias de nuevo a los depredadores introducidos por los colonizadores europeos y a la desaparicion de su habitat natural debido a la mania que tenemos los humanos en deforestar bosques. Este simpatico ave se ha convertido en toda una mascota nacional.

Y el tercer tipo tiene un tamaño variable que puede ir de los 1,5 metros a los mas de 2 metros de altura, suele ser de un color palido, rosado o un poco marron, las hembras no son muy peludas, siendo los machos algo mas peludos en general, pero algo menos que los estandares españoles, por dentro suelen estar rellenos de cerveza, algo de vino blanco y fish & chips, hablan ingles con un acento muy gracioso abusando del sonido i (por ejemplo, para decir izquierda dicen lift, no left) y suelen ser seguidores de la seleccion nacional de rugby, los All Blacks, y de cualquier equipo de cualquier deporte que juegue contra Australia, su vecino, con el que mantienen una especie de relacion necesidad-odio.

Despues de estas dos grandes rutas pusimos rumbo sur, hacia los Alpes del sur, a ver glaciares y playas rocosas en las que con este frio creo que no tendremos muchas ganas de sumergirnos.

Ire informando.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Sarna con gusto no pica

El martes 3 de noviembre llegamos a Picton, la pequeña ciudad costera donde atracan los ferries que llegan de Wellington, en la isla del norte. La llegada a la isla del sur es espectacular; despues de un corto trayecto en alta mar, el ferry entra a la intrincada costa, entre verdes montañas que descienden hasta las incontables bahias de aguas tranquilas. Puede que lo mas parecido al norte de la isla del sur sean los fiordos noruegos, aunque estos son un poco mas calentitos. Aun asi, todavia se podia ver algo de nieve en alguna de las cumbres mas elevadas gracias a la "maravillosa" primavera que estamos disfrutando por estos parajes... Brrrr!!! Ya no me acuerdo de llevar manga corta y sandalias!


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Pero no ibamos a dejar que el frio nos detuviera en nuestros planes de hacer nuestra primera gran caminata por los parques nacionales del pais. Nada mas salir del ferry nos dirigimos al i-Site de Picton para informarnos de la Queen Charlotte track (Pista Reina Charlotte), uno de los grandes recorridos que ofrece NZ. Se trata de una ruta que va de Ship Cove, una bahia con una playita y un par de servicios basicos para los que se atreven a llegar alli, hasta Anakiwa, un pequeño pueblecito costero con un solo barecito instalado en una vieja caravana. Los 71km de ruta serpentean entre montañas de hasta unos 450 metros de altura, recorriendo la intrincada costa de los fiordos norteños de la isla del sur. La duracion estimada es de entre 3 y 5 dias. Nosotros la hicimos en 4 dias, en los que nos deleitamos con las maravillosas vistas del incontable numero de bahias con aguas turquesa, compartimos el recorrido con otros mochileros que ibamos encontrando por el camino, acampamos en los campings del DOC (Dpto. de Conservacion), nos bañamos en los riachuelos de aguas frias y claras que abundan por la zona, cruzamos granjas y pastos privados... y cada noche nos tuvimos que dar masajes para evitar las agujetas de tantas horas caminando arriba y abajo con las mochilas cargadas! Terminamos hechos polvo, con los musculos de todo el cuerpo destrozados, pero la peor parte se la llevo Andy, al salirle varias ampollas en los pies el segundo dia de ruta. Aun asi, cada dia aguanto estoicamente la caminata hasta el fin de cada etapa. Pero al llegar al fin de los 71km no podiamos borrar la sonrisa de nuestra cara.

Despues de la dura ruta, nos dirigimos a Nelson, otra pequeña ciudad del norte, donde nos regalamos un par de merecidos dias de descanso urbano en los que aprovechamos para conectarnos a internet, tomar algun cafe, ir de tiendas (aunque solo compramos lo indispensable!), ir a una piscina con jacuzzi para relajar nuestros maltrechos musculos... e inscribirnos en otra ruta que empezaremos el dia 11 de otros largos 4 dias por la Abel Tasman Coast Track (Ruta costera Abel Tasman), la joya de las rutas de Nueva Zelanda.

Si sobrevivimos a esta volvere a conectarme para escribir sobre ella.

Deseadnos suerte!!!


P.D. Señora Pizzini junior, su mamita aun no esta entre los seguidores del blog. No me diga que aun no ha sido capaz de explicarle como hacerlo??????????

sábado, 7 de noviembre de 2009

Del sur del norte al norte del sur




Con lo bien que estabamos en Rotorua, con baños calentitos (y gratis!), un bonito paisaje que nos rodeaba, zonas controladas donde aparcar a Su (la furgo) para dormir tranquilos... y nos metemos de lleno en una de las zonas mas aburridas del pais. La carretera 43, tambien llamada Forgotten Highway (Autopista olvidada), a veces si que parece un poco dejada de la mano de Dios. Kilometros y kilometros de asfalto van en direccion suroeste, sin mucho que ver a ambos lados del camino excepto vacas y ovejas, con pocas montañas y bosques que alegren la vista. Pero no deja de ser todo verde en Nueva Zelanda. Pastos y mas pastos recuerdan que esto fue un enorme bosque hace solamente un par de siglos.

Antes de llegar al monte Taranaki (nombre maori), o Egmont (nombre europeo), pasamos por el curioso pueblecito de Whangamomona de no mas de 100 habitantes y un hotel/bar/restaurante, cuya unica atraccion es que se han constituido como una republica independiente. Debido a una decision sobre en que jurisdiccion estaba el pueblo, cuyos habitantes no estaban de acuerdo ya que deberian de jugar a rugby junto a su eterno rival, decidieron independizarse. Es curioso ver una simple garita con un cartel que te da la bienvenida a la republica o te dice que acabas de volver a entrar a Nueva Zelanda, segun entres o salgas del pueblo. En el hotel te pueden expedir un pasaporte si quieres.

Continuamos la ruta hasta llegar a Stratford para buscar informacion sobre caminatas por la imponente montaña que domina la zona pero que no podiamos ver en todo su esplendor debido al cielo plomizo que cubria nuestras cabezas. Con pocas ganas de enfrentarnos al frio y la humedad que se respiraba en el ambiente, en el centro de informacion de Stratford nos dijeron que en la otra parte de la montaña hacia un dia soleado perfecto para caminar. Con una sonrisa dibujada en la cara, nos dirigimos a Inglewood, desde donde la carretera sube en una suave pendiente hasta North Egmont, el centro de informacion y punto de partida del Parque Nacional Egmont.

Desde North Egmont las nubes que cubrian la cima nos dejaban apreciar solo de vez en cuando la nevada cumbre de 2518 metros, que realmente es un volcan que entro en erupcion hace unos 350 años y que como curiosidad fue filmado en la pelicula El ultimo Samurai haciendose pasar por el monte Fuji, en Japon, y creando una especie de histeria entre los habitantes cuando Tom Cruise vino a la zona.

Un par de dias despues nos dirigimos al sur por la turistica costa oeste, hasta Wellington, donde habiamos quedado con la simpatica Elise, otra kiwi que habiamos conocido en Tonga y nos habia invitado a su casa. Estuvimos solo una tarde-noche juntos, con sus simpaticos compañeros de piso, compartiendo una cena mexicana y un vino de la zona. Nos convencieron para irnos al dia siguiente hacia la isla del sur, ya que el tiempo parecia que iba a empeorar, y el viaje es mucho mas bonito en un dia soleado que los ventosos y lluviosos dias que se avecinaban.

Al dia siguiente subimos al ferry que nos llevaria a Picton, con ganas de volver a Wellington, la capital del pais, que aunque algunos dicen que no tiene mucho que ofrecer ademas de burocracia, si que tiene una gran vida nocturna y artistica. Aqui todos hacen algo relacionado con el arte, o conocen a alguien que toca en una banda, o es musico, o pintor... y Peter Jackson, el director de la pelicula gore de culto Braindeath y de la algo mas famosa El señor de los anillos y sus posteriores producciones, quien se sigue refiriendo a Wellington como a su hogar.

Ahora si que vamos al sur...

sábado, 31 de octubre de 2009

A las puertas del infierno

Rotorua es una ciudad cercana al centro geografico de la isla del norte de Nueva Zelanda. Cuando este viaje era un simple embrion, a veces me dedicaba a sobrevolar con Google Maps los posibles destinos que ibamos a visitar. Recuerdo que al ver Nueva Zelanda en dicha web, una de las primeras zonas que me llamo la atencion fue el centro-este de la isla del norte y un nombre que se me quedo grabado fue el de Rotorua. No sabia nada sobre ella, pero si echais un vistazo al mapa


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os podeis hacer una idea de porque hemos estado mas tiempo del previsto en esta preciosa aunque maloliente zona. Preciosa por las verdes montañas y lagos azules que lo rodean, y maloliente porque las montañas son mas bien volcanes, ya que esta situada en una linea volcanica que atraviesa la isla de esta a oeste; esto hace que su subsuelo tenga una enorme actividad geotermica, lo que se traduce en una cantidad incontable de lagunas de barro y de agua en constante ebullicion, expulsando a la atmosfera gases sulfurosos que le dan ese peculiar "aroma". Creo que no puedo copiar y pegar el aroma en este blog; tendreis que viajar alli para experimentarlo.


Salimos de Auckland en direccion sur hacia Rotorua por la carretera serpenteando entre verdes pastos plagados de vacas y ovejas, unas veces cruzando bosques, otras cruzando rios, a veces entre montañas no demasiado altas, pero dando al paisaje un toque diferente al del inacabable verde de las colinas de la isla del norte. Paramos solamente a sacar alguna foto y a comer unos "fish & chips" (pescado rebozado con patatas fritas) que nos habian dicho que lo preparan muy bien en Nueva Zelanda. Creo que no paramos en el mejor lugar, ya que habia mas bien poco fish y muchas chips, todo con poco sabor... habra que dar otra oportunidad a los kiwis. Ya casi de noche paramos antes de llegar a Rotorua en una area de picnic de las muchas que hay por las carreteras a cenar y dormir para entrar frescos a conocer la ciudad.


La llegada a la ciudad es muy peculiar: entre montañas se abre Rotorua al lago del mismo nombre, de aqui y de alla se elevan nubes de vapor que salen de las lagunas y pozas de agua o barro en continua ebullicion, mientras poco a poco te empiezas a acostumbrar al olor de azufre que emanan los vapores subterraneos, como venidos directamente del infierno. Como todas las ciudades de Nueva Zelanda, Rotorua no tiene demasiado que ofrecer arquitectonicamente si estamos acostumbrados a los estandares europeos, debido a que aqui un edificio antiguo es como mucho de mediados del siglo XIX, por lo que mejor centrarse en lo que nos ofrece la naturaleza local.


Visitamos el museo de la ciudad, situado en un antiguo hotel-balneario abierto a principios del siglo XX por un medico que descubrio los beneficios de las aguas con todo tipo de minerales, ofreciendo baños de barro, de agua con corrientes electricas (la guia nos dijo que nadie murio electrocutado), de vapor... a los acaudalados señores que se lo podian permitir a principios de siglo y a los heridos de la Segunda Guerra Mundial a partir de los años 40. Nos bañamos en un spa durante la noche, fuimos a una zona termal a unos 25 km donde paseamos entre pozas de barro y de agua de todo tipo, nos bañamos en un rio de agua calentita venida de las profundidades de la tierra, nos resguardamos de la lluvia en unas piscinas para los pies donde los locales van a pasar un rato y relajarse, visitamos un pueblo maori, Whakarewarewa, del que en un principio no esperaba nada al parecer demasiado turistico pero que al final resulto ser muy interesante gracias a las explicaciones del simpatico guia y al entorno de aguas termales que nos rodeaban... En fin, que pasamos tres dias estupendos en la zona, disfrutando de baños calentitos, algo que podeis suponer que no abunda cuando viajas en furgoneta...


Casi siempre es igual: no tienes ganas de dejar un lugar que te gusta, pero necesitas seguir el camino para conocer otros lugares nuevos. Dos sentimientos opuestos que no dejan de acompañarme durante el viaje. Que dura es la vida del viajante...


La brujula señala rumbo sureste hacia el enorme volcan Taranaki. Alla vamos.

sábado, 24 de octubre de 2009

Por el lejano norte


Comprar la furgo fue relativamente facil y rapido. El viernes fuimos a un mercado de segunda mano y vimos una Nissan muy chula en buen estado y muy bien equipada para viajar, pero que no nos convencia del todo. El sabado fuimos a otro mercado y en un par de horas ya habiamos visto y probado la Ford que se convertiria en nuestra querida Su Masai. La hemos bautizado asi porque la matricula es SU447 y el parachoques delantero es como el labio de esas mujeres africanas que se ponen una especie de plato y se lo agrandan un monton. No sabemos si son Masai, pero es lo que se nos ocurrio en ese momento.

Asi que con la furgo bautizada salimos de Auckland a mediodia rumbo norte con la idea de llegar pronto al Cabo Reinga, la punta norte, y bajar relativamente rapido hacia la isla del sur. Todos dicen que la isla del sur es mas bonita, pero lo tiene que ser mucho para ser mejor que el lejano norte (ellos le llaman asi: The Far North). Es una sucesion de verdes pastos y frondosos bosques que unas veces ves acabar en acantilados y otras veces en playas de arena blanquisima. Los pastos muchas veces estan plagados de vacas y ovejas. Dicen que en Nueva Zelanda la relacion ovejas/habitantes es de 10 a 1: 40 millones de ovejas por 4 millones de habitantes. Y los bosques son un poco surrealistas, con enormes arboles muy parecidos a los europeos pero con helechos de todo tipo que llegan a medir mas de 3 metros de altura, dando un aspecto muy peculiar al paisaje.

Despues de haber dormido muy bien nuestra primera noche en Su, fuimos al bosque Waipoua Kauri Forest, uno de los santuarios de kauris del pais. El kauri es un gigantesco y milenario arbol que antes de la llegada de los europeos poblaba una gran parte de Nueva Zelanda, pero que desgraciadamente la buena madera y la goma que segregan hizo que los talaran hasta casi hacerlos deaparecer. Es una lastima ver estos majestuosos gigantes de hasta 16 metros de perimetro y pensar que la avaricia de los colonizadores los acabo convirtiendo en un vestigio de tiempos mejores...

De alli subimos hasta Opononi, un pueblecito en la entrada de una gran bahia parecida a una ria gallega o a un fiordo noruego por su tamaño e irregular costa. En la verde punta sur se encontraba el camping donde dormimos con vistas a la bahia y a la punta norte, una brillante gran duna de fina arena por la que ofrecen bajadas en tablas de snowboard. Veremos si cuando nos recuperemos un poco de la paliza que ha supuesto la compra de Su y todo el equipamiento para la fria primavera de las antipodas podemos apuntarnos a alguna de las muchas actividades que ofrecen los kiwis.

Entre bosques y pastos continuamos nuestra ruta parando en un par de parques donde paseamos por valles y montañas con unas enormes rocas que se desprendieron y rodaron valle abajo debido a los movimientos de la tierra hace unos cuantos millones de años, aprendimos un poco sobre el ave nacional, el simpatico kiwi, dimos un paseo nocturno por un parque donde puedes ver cientos de gusanos brillantes (brillan para atraer a sus presas, que atrapan en una especie de tela de araña) y continuamos maravillandonos ante el verde paisaje que se presentaba frente a nosotros en cada curva del camino.

En un pueblecito donde paramos a hacer unas compras, paramos a una pareja de autoestopistas que iban a casa, a unos kms mas al norte. Los dejamos en su casa y nos invitaron a cafe y a volver a visitarles el volver de la punta norte de la isla.

Acercandonos al norte el paisaje tenia una especie de mezcla entre la agreste flora del Mediterraneo, con sus arbustos duros acostumbrados al sol y el viento marino, y la frondosa verdor irlandesa, con continuos acantilados, bosques y pastos plagados de vacas y ovejas.

Ya en el Cabo Reinga, donde segun los maoris las almas de los muertos descienden a las profundidades en su camino a la eternidad, podiamos ver el fin del mundo desde el acantilado donde se encuentra el faro que indica el punto donde colisionan el Mar de Tasmania con el Oceano Pacifico. Es curioso estar mirando al ventoso norte, donde todos tenemos la idea de frio y mal tiempo, y pensar que realmente estas mirando hacia las calidas islas del Pacifico sur y el Ecuador.

Al volver hacia el sur, paramos en casa de Colin y Marcia (los autoestopistas) y nos quedamos a cenar y a dormir en Su, aparcada en su jardin. Al dia siguiente fuimos todos a pescar en su barco por la tranquila bahia de Houhora. Durante la mañana no pescamos nada, pero disfrutamos mucho de su compañia y de los sandwiches que nos zampamos en una solitaria y soleada playa de arena fina y blanca que nos calento un poquito del frio viento que nos persigue por todo el pais. Despues de comer volvimos a la pesca, esta vez con mucha mas suerte, pues pescamos un buen monton de maomao y kawahai, dos especies de peces locales de unos 30 y 50 cm respectivamente que cenamos muy al volver a casa. Pero antes de llegar al puerto, Colin se equivoco de ruta y terminamos encallados en la arena debido a la marea baja. Tuvimos que saltar al agua y empujar el barco un par de metros hasta que volvio a flotar y emprendimos otra vez el camino a casa entre risas, pero pensando en que menos mal que el fondo era de arena y no de dura roca...

Al dia siguiente, domingo 25 de octubre, nos despedimos por la mañana para seguir nuestra ruta hacia el sur, donde hemos vuelto a visitar a Karen en Auckland y nos esta dejando usar su ordenador para escribir esto y colgar alginas fotos en la galeria de Andy.

Con un cafe en el cuerpo y una calentita ducha dejaremos a Karen para ir a Rotorua, donde nos esperan unas aguas termales que espero que disfrutemos tanto como estamos disfrutando el norte del pais.

Su, rumbo al sur!